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Reserva Forestal del Norte de Bogotá 

Thomas van der Hammen

Semana En Vivo: La destruccion de la Reserva Forestal Thomas van der Hammen?

Debate Semana en Vivo con María Jimena Duzán

Que el alcalde Enrique Peñalosa quiere urbanizar una parte de la Reserva Thomas van der Hammen no es sorpresa. Que ya esté moviendo fichas para concretar sus planes es lo que enciende las alarmas de quienes llevan casi dos décadas luchando por la conservación de esta zona que asegura la conectividad entre los cerros orientales y el río Bogotá. La confirmación la hizo el mandatario tras anunciar el ambicioso plan de vivienda para la ciudad, que comprende dos fases. En la primera pretende construir 80.000 viviendas, en los próximos dos años, destrabando algunos proyectos.

En una segunda etapa pretenden habilitar 15.000 hectáreas de suelo en el perímetro urbano, con el fin de adelantar el plan Ciudad Paz, con el cual impulsarán tres proyectos: uno en el sur, que incluye expansión hacia Soacha y Mosquera; otro en el occidente, denominado Ciudad Río, cerca de la franja del río Bogotá, y Ciudad Norte. Este último (para un millón de personas) pretende urbanizar al menos 5.000 hectáreas, de las cuales un porcentaje estaría en terrenos de la zona de conservación.

Y aunque todavía no hay claridad sobre qué porción de la reserva se pretende intervenir, sí está claro el concepto que tiene el alcalde sobre ella, el cual está muy alejado del que comparten los conservacionistas. Para Peñalosa, casi toda la reserva “no tiene foresta, sino potreros con vacas, que pertenecen a privados”. Por eso ha advertido sobre el grave costo ambiental de impedir una “urbanización bien hecha”. Su concepto lo respalda con las cifras del plan de manejo de la reserva, que indican que apenas el 7,8% son ecosistemas de conservación, mientras que el 92,2% lo ocupan áreas deportivas, colegios, industrias, rellenos de escombros, casas, establecimientos comerciales, estaciones de servicio y, en su gran mayoría, áreas agropecuarias.

Pero más allá de esta opinión, asegura la administración, la propuesta no sólo es construir casas, sino tener un plan ambicioso en materia ambiental. “El desarrollo del norte va más allá de la reserva, que tiene 1.400 hectáreas, la mayoría sin árboles. La propuesta es conservar las zonas donde hay bosque y, además, llegar a más de 1.700 hectáreas verdes, con la construcción de parques lineales que conserven el ecosistema y mantengan intacta la ruta de aves migratorias. Estos parques conectarán el circuito ambiental que une el río Bogotá con los cerros. Así se espera resolver problemas, como los casi 100 pozos sépticos que contaminan las aguas subterráneas”.

Frente a la postura del Distrito, el ambientalista Julio Carrizosa, conocedor de la reserva, resalta que el valor de la estructura ecológica de la zona no depende de la cantidad de árboles nativos, la vegetación o la biodiversidad, sino en la interacción entre aguas lluvias y manantiales subterráneos. “Si se urbaniza se interfiere en esa relación y se pone en peligro el ecosistema de Bogotá”.

Según la exsecretaria de Hábitat de la administración Petro y excandidata a la Alcaldía de la ciudad, María Mercedes Maldonado, en Bogotá sí hay suelo para construir sin tocar la reserva, especialmente si se tiene en cuenta que en el norte hay 1.684 hectáreas urbanizables. A esto se suma una parte del occidente (la que no tiene restricción por inundación) y un sector en Usme, en el sur.

“Es llamativo cómo la actual secretaria de Hábitat, María Carolina Castillo, encontró suelo para construir 80.000 viviendas en 20 días. Es decir, está anunciando que ocupará zonas inundables del río Bogotá y una parte de la reserva. El anuncio preocupa porque, de hacerlo, estaría desconociendo la gestión ambiental por conservar esa zona de la ciudad, que involucra decisiones del Consejo de Estado, las autoridades ambientales y el propio Distrito, pero especialmente de la ciudadanía”, insiste Maldonado.

La exfuncionaria recalca que se trata de un proceso largo promovido por una ciudadanía activa y que el alcalde no puede desbaratarlo de un plumazo. Para urbanizar parte de la Van der Hammen, la administración, además de contar con el permiso de la CAR, tendría que solicitar un concepto del Ministerio de Ambiente, ya que hay resoluciones de esta cartera que protegen la zona. A todo se suma que la modificación tendrá que quedar clara en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que Peñalosa promoverá y que debe contar con la participación ciudadana.

“Esto no es una discusión entre Petro y Peñalosa. Es una lucha entre la visión expansionista del vicepresidente Germán Vargas Lleras y el alcalde Peñalosa contra la institucionalidad ambiental”, concluye Maldonado. Cierto o no, lo claro es que el debate está abierto y que ya se encendieron las alarmas respecto al futuro de la reserva ambiental del norte de Bogotá.